Los buenos modales rinden
Por: Daniela Di Segni, el 24 de septiembre de 2010, 06:53 AM
Observamos a diario que la gente está cada vez más atropellada y huraña; a veces, no saluda ni siquiera en el reducido espacio de un ascensor. Los buenos modales parecen haber muerto o desaparecido con rumbo desconocido.
Es posible que la situación tenga múltiples causas; los padres, cansados de trabajar, llegan tarde a casa y no tienen fuerzas para machacar lo necesario; los abuelos ya casi no viven más con la familia por lo tanto tampoco aportan su paciencia y, nosotras, las mujeres independientes y autosuficientes que abrimos solas las puertas y nos sentamos antes de que nos acomoden la silla, hacemos nuestra parte también desanimando a los hombres corteses.
Si hablamos de ceremonial o protocolo, pensamos en duques y princesas, en embajadores y etiquetas complejas y hasta resulta anticuado hablar de cortesía, un término que proviene de las antiguas cortes donde la gente tenía ocasión de educarse. Sin embargo, sería útil reflexionar cuánto hacen por el bienestar diario los buenos modales y qué triste es que se haya perdido la costumbre de inculcarlos. En el día a día las buenas maneras son como almohadones que nos suavizan los golpes de la vida; en el trabajo, pueden ser la clave del éxito o del fracaso.
Como dice una experta en el tema la Lic. Edith Cortelezzi en su libro "Buenos modales, buenos negocios" (Ed. Grijalbo, 2009) hoy sucede con frecuencia que los jóvenes exitosos que ascienden en su carrera se encuentran con un problema porque nadie les ha enseñado las normas elementales de conducta para desenvolverse con corrección tanto en el ámbito social como en el empresario. Y resulta que el desconocimiento de ciertas reglas o códigos elementales puede significar papelones horrorosos o, directamente, fracasos profesionales.
Tomemos un ejemplo: una empresa busca un ingeniero con determinadas calificaciones técnicas, idiomas, etc. Llegan a la selección final dos candidatos del mismo nivel. ¿Cuál será elegido? ¿El que se presentó correctamente vestido, saludó amablemente, escuchó sin interrumpir, contestó con amabilidad o el que llegó con jeans y zapatillas y tuteó al gerente mientras mascaba chicle?
En algunos países, al final de una selección para un cargo ejecutivo, invitan al postulante a comer en un restaurante elegante para observar su conducta. ¿Exagerado? No. Si sabe usar los cubiertos (no rema y no apoya los codos), si coloca la servilleta en el lugar adecuado (no como un babero), si come con educación (con la boca cerrada y bocados pequeños) y se conduce con seguridad ante cubiertos y copas es un buen candidato para representar a la empresa en cualquier circunstancia.
Los buenos modales agregan un plus indiscutible y, aunque aprenderlos en la infancia es lo ideal, nunca es tarde para hacerlo. Una buena impresión inicial es invalorable porque es muy difícil, cuando no imposible, remontar una negativa. Una persona educada se siente más segura y la persona segura despierta confianza.
La amabilidad, la sonrisa, el lenguaje moderado y cordial provocan respuestas positivas y son conductas que abren todas las puertas. Mostrar interés y respeto hacia el otro lo hace sentir bien y lo predispone favorablemente.
Claves mínimas para un buen desempeño social
* Siempre
- Se saluda, se dice por favor, gracias, permiso, disculpe
- Se mira a la gente a los ojos al hablar
- Se llega a tiempo a una cita
- Se devuelven los llamados y contestan los e-mails.
- Se presenta a la gente que no se conoce.
- Se da la mano con firmeza (pero no se besa si no hay confianza)
- Se contesta enseguida por si o no una invitación (y se agradece al día después)
- Se lleva la ropa adecuada al evento (se consulta antes)
- Se espera a que todos estén servidos o la autorización del anfitrión para comer
- Se paga la cuenta cuando se invita
* Nunca
- Se tutea a alguien sin permiso.
- Se interrumpe a alguien cuando habla.
- Se empuja para pasar
- Se usan anteojos oscuros o gorros dentro de un lugar cerrado
- Se apoyan los codos sobre la mesa o el escritorio
- Se deja pendiente una contestación
- Se contesta el celular en una comida o reunión de trabajo (ni siquiera debe sonar)
- Se hacen bromas burdas o groseras
- Se ayuda a un discapacitado sin consultar si lo precisa
- Se habla de enfermedades, política o religión en la mesa
- Se deja de concurrir a una cita o evento al que se ha confirmado asistencia sin avisar con tiempo
Fuente: http://mx.mujer.yahoo.com/blog/Daniela-Di-Segni/Los-buenos-modales-rinden-70.html
1 dijeron...:
Y lo acepto, no soy una perita en dulce pero la mayoría de las cosas las cumplo, si he llegado a ser muy pero muy grosera en ocasiones pero lo hago bajo mi responsabilidad y cuando me siento ofendida por alguien. No estoy muy de acuerdo con su fuente pero en general me parece adecuado el texto.
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